César Vallejo en mi vida…
César Vallejo entró en mi vida mucho antes de conocer o saber de él. Su influencia quedó marcada para siempre en mí desde el primer contacto con su obra.
Era muy pequeña yo, cuando empezó a gustarme la literatura. Mi padre solía leer periódico cada día, yo me preguntaba si sería interesante esos textos tan largos, pronto cogí uno de ellos, los leí y me pareció interesante. Mi padre se dio cuenta de aquél interés, y no se si por cultivar la lectura en mí, o por darme gusto, se volvió el hábito de comprar cada día el periódico, lo leía él entero y luego me lo daba, para luego comentar juntos las noticias más resaltantes.
Pasó el tiempo y mi curiosidad aumentó junto con las ganas de seguir leyendo más y más. Leía libros, de lo que sea, pero leía. Luego ya escogía a mi gusto la lectura que prefería, y ellas eran los poemas. Al principio sólo los leía, los apreciaba, pero cuando más leía, más los admiraba y sentía en mi interior deseos ardientes de componer uno parecido a ellos.
Llegó la oportunidad en sexto grado, cuando mi profesora Esther Pulido nos mandó hacer una composición por el día de la madre. No me acuerdo cómo, pero brotaban de mí versos inexplicables, palabras que rimaban, sentimientos, etc. Gané el concurso, y con ello, un gran reconocimiento por parte de mis profesores y compañeros, además de muchas ganas de seguir escribiendo, así como leyendo.
Fue cuando un día mi profesora Esther me llama y me comunica que se realizaría un concurso de declamación de poesía y que por supuesto ella había pensado en mí para representar al salón. Confieso que tuve temor de aceptar, pero pensé. “Si gane el concurso de composición, ¿porqué no ganar el de declamación?”. Suena orgulloso y soberbio pero así fue. Ella me dio la poesía. “Los heraldos negros” de César Vallejo”. Nunca antes había leído ese poema, tampoco escuché hablar sobe él, menos de su autor, Vallejo.
Sin embargo, desde el primer momento que lo leí, me impactó. Primero porque no lo entendía muy bien, estaba acostumbrada a leer poemas fáciles de entender, con rimas comunes, y mensajes claros. Y luego porqué noté tanto dolor y sufrimiento que a mi edad no había pasado aún.
Aunque eso no me amilanó para nada. Al contrario, fue un gran reto para mí. Dedique horas y horas de ensayo. Me encerraba en mi cuarto a practicar una y otra vez, cuidando cada palabra, cada detalle, cada movimiento, cada entonación. Solos, Vallejo y yo.
En esa soledad trataba de entenderlo, de comprenderlo. Busqué el significado de Heraldos, pues no lo conocía, y de otros más. Leía una y otra vez el poema, aunque ya lo sabía de memoria, con el propósito de encontrar un mensaje claro y preciso. En serio, me lo tomé en serio.
Llegó el día del concurso, después de varios ensayos previos ante el subdirector y mí maestra, ya estaba lista, nerviosa y angustiada pero lista.
Tocó mi turno, salí al frente de todo el Colegio, y solté una a una cada palabra, manifesté cada movimiento, interpreté los sentimientos y emociones de Vallejo, quizá a mi manera, pero lo hice. Todos aplaudieron cuando terminé sólo tenía un nudo en la garganta, una lágrima a medio salir.
El Jurado deliberó, no recuerdo claramente quienes fueron, pero era gente importante de afuera. El veredicto, primer puesto María Betty Torrejón Carvajal, de sexto grado “C”, con el poema, “Los heraldos negros”.
Mis compañeros me abrazaron, mi profesora se acercó a decirme no se cuanta cosa. El premio fué entregado al salón, y yo sólo podía pensar en el poema.
Pensaba en todo lo que había pasado al ensayar, en todo el tiempo que invertí y como se fue en un solo instante, en uno o en dos minutos que lo recité al frente y que ya había acabado, probablemente para siempre.
No quise dejarlo ahí, seguí leyendo, escribiendo, buscando. Ese día me marcó, conocía el nombre de Vallejo, pero no sabía quién era. Nadie me lo contó.
Pase a secundaria, leía obras escolares, y otras literaturas, y como todo adolescente me ilusionaba con algún chico y brotaban mis poemas, que ha decir verdad no eran buenos.
Iban tomando forma a medida que pasaba el tiempo y que leía más. Vallejo no apareció más en mi vida por ese momento.
Cuando llegué a tercero de secundaria, me enseñaron Literatura Española, mi mayor inspiración se tornó Gustavo Adolfo Becker. Pero al llegar a cuarto, en Literatura Peruana, volvió Vallejo a mi vida.
Lo recordaba muy bien, el poema retumbaba en mis oídos y aparecía en mi memoria. Conocí más sobre su vida, su obra, sus poemas; y lo pude entender, lo comprendí, lo admiré.
Estudiamos “Masa”, y lo admiré más aún. Puedo decir con sinceridad que éste poeta peruano caló hondo en mi ser y entonces ya para siempre!.
Nunca me imaginé que algún día llevaría un curso que se llamara “Cátedra Vallejo” y que estudiaríamos su vida entera. Siempre quise ser profesora, y mi maestra Esther, estaba empecinada en cambiarme de opinión, “no es buena idea” -me decía- “Te lo digo por experiencia”.
Salí del Colegio, Estudié Educación Secundaria en el Pedagógico Nacional de Monterrico, la especialidad de Lengua, Literatura y Comunicación, donde vimos a Vallejo muy prolijamente, como un buen poeta peruano y nada más.
Por cuestiones de la vida, no concluí mis estudios, me casé, tengo un hijo de cinco años, pero nunca dejé de escribir, ni de leer.
Debo confesar que tenía a Vallejo olvidado, sin embargo, hoy que lo estudiamos está más presente que nunca. El poema que abrió mi sentido poético, no ha salido de mi memoria, lo recuerdo como cuando era niña y su vida hoy marca más la mía, al conocerla mejor.
Lo anecdótico de todo esto es que actualmente trabajo en un Colegio, enseñando quinto grado, y en el Plan Lector, yo soy la Coordinadora oficial de todo el Colegio. Escogí la obra “Paco Yunque” por lo corto y el mensaje, sin saber que en la Universidad sería tan profundo hablar de él. Hoy llevo cada día algo nuevo de él, y plasmo lo que aprendo en mis clases. Siento, puedo decir, que mis niños ahora conocen a Vallejo más de lo que un día en sexto, yo lo conocí ...
Sin duda parece que lla poesia de vallejo calo mucho en ti.
ResponderEliminarPero conociendote a ti desde muy pequeña, claro, no tanto, pues no he conversado mucho contigo. Aunque si te he visto crecer. Me parece que hay algo mucho mas impactante deberia haber sucedido en tu vida. Una desicion que, creo yo, que tomaste un dia y que deberia haber sido el motivacion desde ese dia hacia la eternidad.
Me ubiera gustado que ese suceso lo mensionaras aqui tambien, con la misma emocion con que puedo percibir que recuerdas a un escritor peruano.
Solo espero que me puedas entender a que me refiero....un abrazo Bety Torrejon